7 ventajas de aprender a escuchar de manera activa

escuchaAprender a comunicarnos bien es una habilidad cada vez más necesaria. Comunicarnos con los demás no es simplemente hablar con ellos.

¿Qué es la escucha activa?

Escuchar no es sólo una cuestión biológica que dependa de nuestra agudeza auditiva. Si quiere comunicarse con los demás el primer paso es conocer la diferencia entre oír y escuchar.

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua estos dos verbos no son sinónimos:

oír : Percibir con el oído los sonidos.

escuchar : Prestar atención a lo que se oye.

Oír no es un acto voluntario, los sonidos llegan a nuestros oídos aunque no hagamos nada para que ocurra. Escuchar en cambio es el acto voluntario mediante el cual prestamos atención a los sonidos que percibimos. Se puede oír sin escuchar, pero para escuchar, primero hay que oír.

Pero vamos a ir un paso más allá. Si nuestro objetivo es mejorar nuestra comunicación debemos aprender a poner en práctica la escucha activa . Esto es: escuchar bien, con atención y cuidado, tratando de comprender lo que nos dice nuestro interlocutor.

Escuchar activamente supone estar psicológicamente presentes. Ser conscientes de lo que nos dicen y demostrar a nuestro interlocutor que recibimos su mensaje. Parece que escuchamos pero en realidad casi siempre estamos ocupados pensando en qué le contestaremos al otro cuando acabe su turno de palabra. Vamos unos pasos por delante preparando nuestro propio argumento.

7 ventajas de aprender a escuchar de manera activa

¿Por qué es importante escuchar activamente?

•  Porque si sabemos escuchar los demás sentirán la confianza necesaria para ser sinceros con nosotros.

•  Porque la persona que nos habla se siente valorada.

•  Porque escuchar tiene efectos tranquilizantes y facilita que se eliminen tensiones.

•  Porque favorece una relación positiva con nuestro interlocutor.

•  Porque permite llegar al fondo de los problemas.

•  Porque provocamos respeto hacia nosotros en quien nos habla.

•  Porque es una recompensa para nuestro interlocutor.

Hay que tener cuidado de no emplear la escucha activa con personas que tienen tendencia a hablar en exceso. Escuchar es una recompensa muy fuerte y en algunas personas hablar acaba convirtiéndose en un hábito sólo para recibir esa recompensa de cualquiera que tenga en frente.

¿Cómo se practica la escucha activa?

•  A través de la observación:

Cuanta más información podamos obtener de nuestro interlocutor, mejor. Para ello debemos estar atentos a sus expresiones, a los sentimientos que expresa, a los gestos y a las señales que nos emite para indicarnos que nos cede el turno de palabra.

•  A través de la expresión:

Nuestro interlocutor debe captar por nuestra actitud que le estamos prestando atención. Es importante mantener el contacto visual y asentir con movimientos de cabeza. También debemos acompañar nuestros gestos con expresiones verbales:”claro entiendo”, “ya veo”, “ah-ah”…

Los enemigos de la comunicación

Hay conductas que realizamos, algunas de forma consciente y otras totalmente inconscientes, que son verdaderas cargas de profundidad contra el proceso de comunicación. Por ejemplo:

•  Interrumpir al que habla.

•  Juzgar cada comentario que hace.

•  Ofrecer ayuda que no nos ha solicitado.

•  Quitar importancia a los sentimientos de la otra persona con expresiones como “no te preocupes por esa tontería”, “no te pongas así”, etc.

•  Contar “nuestra anécdota” cuando el otro está aún hablando.

•  Caer en el “síndrome del experto”: Saber lo que debemos contestar cuando el otro no ha hecho más que iniciar su relato.

En situaciones difíciles…

La escucha activa está especialmente indicada cuando debemos afrontar situaciones difíciles. Por ejemplo, cuando nos encontramos ante un interlocutor agresivo, cuando prevemos enfrentamientos o cuando hay muchas interrupciones.

Podemos evitar situaciones conflictivas si conseguimos anticiparlas. Para ello debemos identificar y anotar las personas y las circunstancias en las que posiblemente tendremos dificultades. Debemos anticipar los gestos, las palabras y los sentimientos de nuestro interlocutor y entrenarnos en el control de nuestro impulso de responder para que, cuando llegue el momento, nos podamos mantener atentos y poner en práctica la escucha activa.

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